AutismologíaEstudios autistasPsiquiatría, psicoanálisis, Freud, Jung y autismo
Referencias históricas, cambios de paradigma, controversias y lectura crítica
El hilo conductor es sencillo: la palabra “autismo” nació en la psiquiatría de la esquizofrenia, fue retomada después por la psiquiatría infantil y se transformó progresivamente en un concepto del neurodesarrollo. Entretanto, el psicoanálisis influyó fuertemente en ciertas interpretaciones del autismo, a veces hasta atribuir su causa a las relaciones tempranas o a los padres. La historia contemporánea resulta en gran medida de una salida progresiva de estas confusiones.
La nota examina también una cuestión más actual: ¿en qué puede ser útil la psiquiatría para una persona autista y a partir de qué momento se convierte en un marco conceptual inadecuado si trata el propio autismo como una enfermedad mental que debe eliminarse?
Resumen ejecutivo
La primera dificultad es terminológica. “Psiquiatría”, “psicología”, “psicoanálisis”, “psicoterapia”, “neurología” y “psicología analítica” no son sinónimos. La psiquiatría es una especialidad médica. El psicoanálisis es una teoría y una práctica derivadas principalmente de Freud. Jung participó primero en el movimiento psicoanalítico y después fundó su propia escuela, la psicología analítica. Bleuler era psiquiatra y director del Burghölzli, donde trabajaba Jung. Fue Bleuler quien introdujo el término Autismus en su teoría de la esquizofrenia. [S1–S3]
El segundo punto esencial es histórico: el “autismo” de Bleuler en 1911 no es el autismo contemporáneo. Designaba un alejamiento de la realidad y un predominio de la vida interior en algunas personas diagnosticadas de esquizofrenia. La palabra tenía vínculos conceptuales con el autoerotismo discutido por Freud y con los “complejos” estudiados por Jung. Retomar hoy una frase de Bleuler o de Jung que contenga la palabra “autismo” como si describiera directamente el espectro autista actual constituye, por tanto, un anacronismo. [S1–S3]
El tercer punto es que la historia del autismo no comienza propiamente con Kanner. Grunya Sukhareva publicó ya en 1925–1926 descripciones de niños que, retrospectivamente, se parecen mucho a lo que hoy llamamos autismo. Kanner publicó su serie, convertida en canónica, en 1943; Asperger publicó en 1944, después de haber utilizado ya la expresión “psicópatas autistas” en 1938. Además, las investigaciones históricas recientes obligan a examinar críticamente el papel de Asperger bajo el régimen nazi. [S10–S13]
El cuarto punto se refiere al psicoanálisis. A mediados del siglo XX, especialmente en algunos países y sectores de la psiquiatría infantil, el autismo se interpretó como psicosis infantil, retraimiento defensivo, dificultad de separación, alteración de la relación madre-hijo o problema de acceso al orden simbólico. Estas teorías no son todas idénticas, y sería incorrecto colocar a Klein, Mahler, Tustin, Lacan y Bettelheim en un único bloque. Pero comparten, en grados variables, la búsqueda de la causa o del mecanismo central del autismo en la organización psíquica y relacional, más que en un desarrollo neurobiológico atípico. [S14–S15]
El caso de la “madre nevera” muestra hasta dónde podía conducir este marco. Kanner formuló en algunos momentos observaciones sobre la frialdad de ciertos padres, aunque desde 1943 había descrito el autismo como innato y posteriormente se opuso a culpabilizar a los padres. Bruno Bettelheim difundió con mucha más intensidad una teoría psicogénica del autismo como respuesta a un entorno parental rechazante. Esta concepción está hoy rechazada: no está respaldada por los datos científicos y cargó a las familias con una culpa considerable. [S11, S15]
A partir de las décadas de 1960–1980 convergen varios cambios: Bernard Rimland defiende una concepción biológica; Michael Rutter y otros muestran que el autismo debe distinguirse de la esquizofrenia infantil; los estudios de gemelos de Folstein y Rutter refuerzan considerablemente la hipótesis genética; los estudios epidemiológicos y del desarrollo redefinen el cuadro clínico; el DSM-III de 1980 crea una categoría distinta de “autismo infantil”. Esta ruptura no es simplemente una victoria de la biología: también marca el paso hacia criterios más observables y una separación más clara entre diagnóstico y teoría etiológica. [S11, S16, S19]
Lorna Wing y Judith Gould desempeñan después un papel decisivo en el paso de una categoría estrecha a una concepción en continuo o espectro. El DSM-IV y la CIE-10 utilizan varias subcategorías; el DSM-5 y después la CIE-11 las reúnen bajo “trastorno del espectro autista”. La CIE-11 clasifica actualmente el autismo entre los trastornos del neurodesarrollo y utiliza el código 6A02 con especificadores relativos al desarrollo intelectual y al lenguaje funcional. [S17–S20]
Paralelamente se produce otro cambio que no es únicamente médico, sino también político y epistemológico. A partir de los años noventa, personas autistas organizadas cuestionan la idea de que el objetivo natural deba ser eliminar el autismo o hacer que el niño sea “indistinguible” de las personas no autistas. Jim Sinclair, Autism Network International y las primeras comunidades en línea contribuyen a esta ruptura; el término “neurodiversidad” aparece después mediante un proceso colectivo, asociado con frecuencia a Judy Singer y Harvey Blume. La cuestión pasa entonces a ser: ¿hay que limitarse a explicar y tratar al individuo, o también transformar el entorno, las relaciones de poder, las barreras y las expectativas de normalización? [S24–S27]
La conclusión práctica de esta nota es matizada. La psiquiatría no es “inútil” para las personas autistas. Una persona autista puede tener depresión, ansiedad grave, trastorno bipolar, psicosis, catatonía, ideación suicida u otros problemas que requieran competencias psiquiátricas. En cambio, considerar el propio autismo como una enfermedad psiquiátrica que debe tratarse produce un error de nivel. Las recomendaciones del NICE precisan, por ejemplo, que los medicamentos no deben utilizarse para las características centrales del autismo y piden investigar también factores físicos, sociales y ambientales. La HAS francesa, en sus recomendaciones de 2026 para niños y adolescentes, clasifica explícitamente el psicoanálisis entre las intervenciones no recomendadas en el marco del TEA. [S21–S23]
La posición crítica propuesta aquí consiste, por tanto, en distinguir entre “psiquiatría del autismo” y “psiquiatría para una persona autista cuando la necesita”. En el primer caso, el riesgo es patologizar una manera de desarrollarse, percibir, comunicarse y existir; en el segundo, la psiquiatría puede ser un recurso puntual o especializado para un problema psiquiátrico asociado real. Esta distinción permite evitar tanto la psiquiatrización general como el rechazo dogmático de toda medicina.
Cómo leer esta nota: tres niveles que nunca deben confundirse
1 — Hechos históricos documentados. Fechas, publicaciones, funciones profesionales, evolución de las clasificaciones y posiciones explícitamente acreditadas por las fuentes.
2 — Interpretaciones y controversias. Debates sobre el alcance científico de una teoría, sobre las causas de un cambio histórico o sobre la responsabilidad de determinados autores. Estos puntos pueden documentarse sin constituir verdades únicas y definitivas.
3 — Lectura del Autistán. Análisis conceptual normativo: crítica de la psiquiatrización, de la asimilación y de la brutalidad interpretativa; interés por la accesibilidad, la adaptación recíproca y la distinción entre autismo y trastornos asociados. Estas proposiciones deben presentarse como una posición argumentada, no como un consenso científico.
Esta separación es especialmente importante en este campo, porque muchos conflictos proceden de un deslizamiento silencioso entre observación, interpretación y causalidad. Decir que una persona se retira de una interacción no es lo mismo que decir que se retira de la realidad; decir que una psicoterapia da sentido a una experiencia no equivale a demostrar que explica el origen del autismo; constatar una diferencia neurológica no implica automáticamente que deba eliminarse.
Glosario mínimo para no confundir las disciplinas
Término
Definición útil
Psiquiatría
Especialidad médica dedicada a los trastornos mentales y a determinados trastornos del neurodesarrollo. Dispone de competencias diagnósticas, psicoterapéuticas y farmacológicas, pero su historia y sus modelos han cambiado mucho.
Neurología
Especialidad médica del sistema nervioso. Freud se formó como médico neurólogo; Charcot fue un gran neurólogo.
Psicología
Disciplina científica y profesional muy amplia que estudia el comportamiento y los procesos mentales. No se reduce ni a Freud ni al psicoanálisis.
Psicoanálisis
Conjunto teórico, método de investigación y práctica terapéutica derivados principalmente de Freud, centrados en el inconsciente, los conflictos psíquicos, la transferencia, las defensas y la historia infantil.
Psicodinámica
Término más amplio que “psicoanalítico”. Designa enfoques interesados en los conflictos, las relaciones, las defensas y los procesos inconscientes, a veces bastante alejados del freudismo clásico.
Psicología analítica
Escuela fundada por Jung tras su ruptura con Freud: inconsciente colectivo, arquetipos, individuación, tipos psicológicos y simbolismo.
Psicosis
Término que agrupa estados caracterizados, entre otras cosas, por una alteración importante de la relación compartida con la realidad, por ejemplo determinados delirios o alucinaciones. El autismo no es una psicosis, aunque una persona autista también puede presentar un trastorno psicótico.
Esquizofrenia
Trastorno psicótico distinto del autismo. Históricamente, ambos se confundieron durante mucho tiempo en la psiquiatría infantil.
Nosología
Arte y ciencia de clasificar enfermedades y trastornos. Kraepelin es una figura central de la nosología psiquiátrica moderna.
Neurodesarrollativo
Relativo a la manera en que se desarrollan el sistema nervioso y las funciones asociadas. El término, por sí solo, no indica si una diferencia debe entenderse como patología, discapacidad, variación o combinación de estas dimensiones.
Autismus de Bleuler
Concepto introducido dentro de la esquizofrenia: alejamiento de la realidad con predominio de la vida interior. No debe confundirse con el autismo contemporáneo.
Autismo contemporáneo
Categoría del neurodesarrollo definida actualmente por diferencias persistentes en la comunicación/interacción social y patrones restringidos, repetitivos o inflexibles, con gran heterogeneidad.
Modelo médico
Marco que localiza principalmente el problema en el individuo, en su funcionamiento o en su patología, y busca diagnóstico, tratamiento, prevención o corrección.
Modelo social de la discapacidad
Marco que pone el énfasis en las barreras sociales, institucionales, físicas y actitudinales que convierten una diferencia o limitación en una situación de discapacidad.
Neurodiversidad
Concepto según el cual la diversidad neurológica humana forma parte de la variación humana; el movimiento asociado cuestiona la ecuación automática diferencia = defecto que debe eliminarse, sin negar necesariamente las discapacidades ni las necesidades de apoyo.
1. Por qué esta historia produce tantos malentendidos
La historia del autismo atraviesa varias disciplinas que no utilizan ni los mismos métodos ni las mismas palabras: neurología, psiquiatría, psicología, psicoanálisis, educación especial, genética, neurociencias, ciencias sociales y, más recientemente, conocimientos producidos por las propias personas autistas. Por ello, un mismo término puede cambiar radicalmente de significado según la época y el medio que lo utiliza.
El caso más espectacular es precisamente la palabra “autismo”. Para Eugen Bleuler, a comienzos del siglo XX, designaba un fenómeno observado en la esquizofrenia y concebido como un alejamiento de la realidad. En las clasificaciones contemporáneas, el autismo se sitúa entre las condiciones o trastornos del neurodesarrollo. Entre ambos usos, la palabra cambió de objeto tanto como de definición. [S1, S2, S3, S20]
Una segunda fuente de confusión es el prestigio de los nombres. Freud, Jung, Bleuler, Kanner o Asperger son citados a veces como si pertenecieran a una cadena continua de descubrimientos que trataran todos sobre lo mismo. En realidad, sus objetos, métodos, conceptos y contextos históricos difieren considerablemente.
Una tercera confusión consiste en creer que, si una escuela más antigua ha sido criticada, la escuela que la sucede es automáticamente correcta. El retroceso de las explicaciones psicoanalíticas del autismo favoreció enfoques del desarrollo, educativos, conductuales, biológicos y genéticos. Algunos aportaron conocimientos importantes; algunos también desarrollaron sus propios excesos, especialmente cuando tomaron la apariencia no autista como objetivo de éxito.
Por último, hay que distinguir cuatro preguntas que con frecuencia se superponen: ¿qué es el autismo? ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué problemas encuentra una persona autista? ¿Y qué debe hacerse para ayudarla? Una teoría puede ser pertinente en un nivel y falsa o abusiva en otro.
Regla de seguridad intelectual Cada vez que un autor antiguo utilice la palabra “autismo”, hay que preguntar exactamente qué designaba en esa fecha. Cada vez que una teoría proponga un “sentido”, hay que preguntar si pretende también demostrar una “causa”. Cada vez que un tratamiento produzca un cambio visible, hay que preguntar si ese cambio mejora realmente la vida de la persona o solamente su conformidad con las expectativas ajenas.
2. Antes de Freud: Charcot, Janet y Kraepelin
2.1 Jean-Martin Charcot: neurología, histeria y demostración clínica
Jean-Martin Charcot (1825–1893) fue ante todo un importante neurólogo francés asociado a la Salpêtrière. Sus trabajos sobre las enfermedades neurológicas marcaron duraderamente la medicina. También se interesó por la histeria y la hipnosis, campos en los que la frontera entre neurología, psicología y puesta en escena clínica estaba entonces mucho menos estabilizada que hoy. [S4]
Freud permaneció en París junto a Charcot en 1885–1886. Esta experiencia influyó en su desplazamiento progresivo desde una medicina estrictamente neurológica hacia una explicación psicológica de determinados síntomas. Sin embargo, no debe transformarse a Charcot en un “psicoanalista antes de Freud”: Charcot siguió siendo neurólogo, y el psicoanálisis todavía no existía como sistema constituido.
2.2 Pierre Janet: disociación, automatismo psicológico y función de lo real
Pierre Janet (1859–1947), médico, psicólogo y filósofo francés, desarrolló otra tradición de estudio de la histeria, la disociación y los fenómenos subconscientes. Describió “ideas fijas” y procesos psicológicos disociados, prestando especial atención a la integración psicológica y a lo que denominó, entre otras cosas, la “función de lo real”. [S5]
Janet es importante para comprender que Freud no fue el único pensador del inconsciente o de los procesos mentales no conscientes. Una parte de la historia popular de la psicología simplifica el panorama como si todo comenzara con Freud, cuando ya existía un conjunto mucho más amplio de trabajos.
2.3 Emil Kraepelin: clasificar las enfermedades mentales según su evolución
Emil Kraepelin (1856–1926) representa otra orientación: la nosología psiquiátrica. Buscó distinguir las enfermedades mentales observando sus síntomas, pero también su evolución en el tiempo y su pronóstico. Su categoría de “dementia praecox” agrupaba cuadros que Bleuler reorganizaría posteriormente bajo el nombre de esquizofrenia.
Kraepelin no es un antepasado directo del autismo. Su importancia aquí se debe a que Bleuler construye su propia teoría de la esquizofrenia en diálogo y desacuerdo con esta tradición nosológica. Es dentro de esta revisión de la esquizofrenia donde aparece la palabra “Autismus”. [S2, S3]
Primer cambio de paradigma A finales del siglo XIX, la psiquiatría ya oscilaba entre varias maneras de comprender el sufrimiento: lesión neurológica, clasificación clínica, historia psicológica, disociación, sugestión e inconsciente. Por tanto, el psicoanálisis no llega a un desierto científico; es una respuesta entre varias a un problema todavía muy mal comprendido.
3. Freud y el psicoanálisis: aportaciones, ambiciones y controversias
3.1 Freud: médico neurólogo antes de ser fundador del psicoanálisis
Sigmund Freud (1856–1939) se formó como médico y neurólogo. Trabajó primero en las neurociencias de su época, se interesó por las afasias, la histeria y los tratamientos mediante sugestión, y después desarrolló progresivamente un método y una teoría que llamaría psicoanálisis.
El psicoanálisis freudiano no constituye una sola hipótesis. Forma un conjunto muy amplio: inconsciente dinámico, represión, conflicto psíquico, transferencia, sexualidad infantil, desarrollo psicosexual, interpretación de los sueños, síntomas como formaciones de compromiso y, posteriormente, modelos del ello, el yo y el superyó. Por tanto, resulta intelectualmente débil afirmar de manera global que “Freud tenía razón” o “Freud estaba equivocado” sin precisar la proposición examinada.
3.2 Lo que Freud cambió
Freud contribuyó a imponer la idea de que síntomas aparentemente absurdos pueden tener una historia y un significado para la persona; que la relación con el terapeuta importa; que los recuerdos, conflictos, afectos y experiencias infantiles no son accesorios; y que la conciencia no resume toda la actividad mental.
Algunas de estas intuiciones generales son compatibles con conocimientos modernos —por ejemplo, la existencia de procesos mentales no conscientes—, pero esto no valida automáticamente la metapsicología freudiana detallada. El “inconsciente” de las ciencias cognitivas modernas no es simplemente el inconsciente freudiano rebautizado.
3.3 Por qué el psicoanálisis es científicamente controvertido
Una dificultad clásica se refiere a la posibilidad de poner a prueba las interpretaciones. Karl Popper popularizó la idea de que ciertas teorías psicoanalíticas parecen capaces de absorber casi cualquier resultado: el acuerdo del paciente puede interpretarse como confirmación, pero su desacuerdo como resistencia. La discusión filosófica es más matizada que el eslogan “Freud es infalsable”: Adolf Grünbaum, por ejemplo, sostuvo que varias afirmaciones freudianas son comprobables en principio, aunque cuestionó firmemente el valor probatorio de ciertos datos clínicos producidos dentro de la propia relación analítica. [S7]
Una segunda dificultad es la circularidad interpretativa: si el marco teórico determina de antemano el significado del silencio, del rechazo, del sueño, del lapsus o del comportamiento, el sistema corre el riesgo de cerrarse a la contradicción.
Una tercera dificultad es la generalización a partir de pocos casos clínicos fuertemente interpretados. Una historia individual puede ser rica y verdadera para una persona sin constituir una ley general del funcionamiento humano.
Una cuarta dificultad consiste en confundir eficacia terapéutica con verdad teórica. Una psicoterapia puede ayudar por la relación, la atención, la verbalización, la reconstrucción narrativa u otros factores comunes sin que todas las hipótesis causales de la escuela terapéutica hayan sido demostradas.
3.4 El vídeo de Freud anciano: lo que muestra y lo que no muestra
Existen efectivamente películas familiares de Freud en Londres en 1938, incluidas imágenes filmadas por Marie Bonaparte. Se le ve con su familia, dentro de la casa o en el jardín. El Freud de estas imágenes tiene 82 años, acaba de huir de Viena tras el Anschluss y se encuentra en un estado de salud muy frágil. [S8, S9, S29]
Freud llevaba años padeciendo cáncer de boca y mandíbula, había sufrido numerosas intervenciones y utilizaba una prótesis que, entre otras cosas, dificultaba el habla. Moriría el 23 de septiembre de 1939. Por tanto, su apariencia debilitada o su comportamiento en una secuencia familiar tardía no constituye ningún argumento válido a favor o en contra del psicoanálisis.
Es preferible criticar a Freud por sus textos, razonamientos, datos, métodos y los efectos históricos de determinadas ideas, en lugar de hacerlo por la impresión visual producida por un hombre anciano y gravemente enfermo.
Buena respuesta en una discusión Si alguien invoca a “Freud” como autoridad o como figura de rechazo, preguntar: “¿De qué proposición concreta de Freud estamos hablando? ¿Es una observación, una interpretación clínica, una teoría general o una hipótesis causal? ¿Y qué datos independientes la respaldan hoy?”
4. Bleuler, Jung y el nacimiento de la palabra “autismo”
4.1 Eugen Bleuler: la verdadera figura central para la palabra
Eugen Bleuler (1857–1939), psiquiatra suizo y director del Burghölzli de Zúrich, sustituyó progresivamente la expresión “dementia praecox” por “esquizofrenia”. En su gran obra de 1911 utilizó también el término “Autismus”. [S2, S3]
Para Bleuler, el “autismo” no era una condición del neurodesarrollo distinta. Era un aspecto de la esquizofrenia: un alejamiento o retraimiento respecto de la realidad externa, con predominio de un mundo interior dominado por las necesidades, afectos, fantasías o lógicas propias del paciente.
El término procede en parte del entorno conceptual del “autoerotismo” freudiano, del que Bleuler eliminó la dimensión explícitamente sexual. Esta filiación léxica explica por qué la historia de la palabra autismo toca al psicoanálisis sin que Freud llegara nunca a descubrir el autismo contemporáneo. [S1, S3]
4.2 Jung: psiquiatra en el Burghölzli e interlocutor de Freud
Carl Gustav Jung (1875–1961) fue efectivamente médico y psiquiatra. Al comienzo de su carrera trabajó en el Burghölzli bajo la dirección de Bleuler y estudió, entre otras cosas, las asociaciones de palabras y los “complejos” afectivos. Paralelamente, se acercó a Freud a partir de 1906–1907.
Esta posición convierte a Jung en una figura de articulación: participa en el entorno clínico de Bleuler al mismo tiempo que es un actor importante del primer movimiento psicoanalítico. Los historiadores señalan que los trabajos de Jung sobre los complejos influyeron en la manera en que Bleuler concebía determinados fenómenos esquizofrénicos. [S3]
Pero esto no significa que Jung elaborara una teoría moderna del autismo. La palabra que circulaba entonces seguía remitiendo principalmente a la esquizofrenia.
4.3 Jung después de Freud: psicología analítica, no simple variante del freudismo
La relación Freud–Jung se deterioró y su ruptura se hizo manifiesta alrededor de 1913. Jung desarrolló entonces su “psicología analítica”: inconsciente colectivo, arquetipos, individuación, sombra, anima y animus, tipos psicológicos, introversión y extraversión, y posteriormente sincronicidad.
Estos conceptos pueden utilizarse como lenguaje simbólico, herramienta de introspección o filosofía psicológica. Sin embargo, su interés subjetivo o cultural no les confiere automáticamente el estatuto de mecanismos científicos demostrados.
Sobre todo, debe evitarse la confusión entre la “introversión” jungiana y el autismo. Una persona autista puede ser introvertida, extrovertida o presentar características que no pueden reducirse a este eje.
El triángulo histórico que conviene retener Freud aporta parte del vocabulario psicodinámico; Jung trabaja con Bleuler mientras dialoga con Freud; Bleuler crea “Autismus” dentro de su teoría de la esquizofrenia. El vínculo Jung–autismo es, por tanto, históricamente real, pero indirecto y anterior al autismo neurodesarrollativo actual.
5. Del “Autismus” esquizofrénico al autismo infantil
5.1 Grunya Sukhareva: una precursora durante mucho tiempo ignorada
Grunya Efimovna Sukhareva, psiquiatra infantil soviética, publicó en ruso en 1925 y después en alemán en 1926 descripciones detalladas de niños con características que se parecen mucho a lo que hoy se identificaría dentro del espectro autista. Más tarde también publicó sobre niñas. [S10]
Su papel recuerda que la historia no es simplemente “Kanner y después Asperger”. Los relatos históricos están ellos mismos influidos por las lenguas, las redes académicas, las traducciones y la visibilidad internacional.
5.2 Leo Kanner en 1943: una condición infantil distinta
En 1943, Leo Kanner describió a once niños en su artículo sobre las “autistic disturbances of affective contact”. Insistió en el carácter muy precoz y particular de este cuadro y contribuyó de manera importante a separar progresivamente el autismo de la esquizofrenia clásica. [S11]
Kanner utilizaba, sin embargo, el vocabulario de su época. Algunas de sus formulaciones sobre los padres y el contacto afectivo fueron posteriormente utilizadas o amplificadas en teorías psicogénicas. No obstante, no debe reducirse a Kanner al simple inventor de la “madre nevera”: la historia es más compleja, y el propio Kanner se opuso después explícitamente a culpabilizar a los padres.
5.3 Hans Asperger en 1944: semejanzas, diferencias y contexto nazi
Hans Asperger publicó en 1944 su trabajo sobre la “psicopatía autista”. Ya había utilizado esta expresión en una conferencia de 1938. Sus descripciones se referían principalmente a niños con lenguaje desarrollado, pero con particularidades marcadas en las relaciones sociales, los intereses y el comportamiento. [S12]
La figura de Asperger está hoy rodeada de un importante debate histórico. Los trabajos de archivo de Herwig Czech documentaron adaptaciones significativas al régimen nazi, su uso de categorías de “higiene racial” y su cooperación con un sistema pediátrico implicado en la eutanasia de niños con discapacidad. No era miembro del Partido Nazi, pero la antigua presentación de Asperger como resistente protector de los niños se ha vuelto insostenible en su forma simplificada. [S13]
Este contexto no decide por sí solo la validez de cada observación clínica de Asperger, pero obliga a distinguir la historia científica, la ética y la construcción posterior de una figura heroica.
5.4 Una misma etiqueta, varios objetos
1911 ≠ 1943 ≠ 2026 Bleuler utiliza “autismo” dentro de la esquizofrenia; Kanner y Asperger aplican términos relacionados a configuraciones del desarrollo infantil; las clasificaciones actuales describen un espectro del neurodesarrollo. Leer estos textos como si hablaran todos exactamente del mismo objeto produce grandes anacronismos.
6. El período psicogénico y psicoanalítico del autismo
Después de Kanner, el autismo infantil permaneció durante décadas atrapado en un vocabulario de “psicosis infantil”, “esquizofrenia infantil”, retraimiento afectivo y relaciones tempranas. En un contexto en el que el psicoanálisis ocupaba un lugar muy importante en ciertos sectores de la psiquiatría —especialmente en Estados Unidos a mediados del siglo XX y durante mucho más tiempo en Francia— se volvió tentador explicar el autismo como resultado de un conflicto psíquico o de una relación patológica. [S15, S28]
No deben reducirse todos los enfoques psicoanalíticos a una sola fórmula: Melanie Klein, Margaret Mahler, Bruno Bettelheim, Frances Tustin y las escuelas lacanianas no dicen exactamente lo mismo. Pero con frecuencia comparten un desplazamiento decisivo: el fenómeno autista se interpreta a partir de la construcción del yo, las relaciones de objeto, la separación, la angustia primitiva, las defensas o el lenguaje simbólico, en lugar de partir de un desarrollo neurobiológico diferente.
6.1 Melanie Klein: el psicoanálisis infantil
Melanie Klein (1882–1960) desarrolló un psicoanálisis infantil centrado en las relaciones de objeto tempranas, las fantasías inconscientes y las angustias primitivas. Su famoso caso “Dick” se relee a veces retrospectivamente como posiblemente correspondiente a un niño autista, pero sería anacrónico decir que Klein diagnosticaba autismo en el sentido contemporáneo.
La importancia de Klein en esta historia reside sobre todo en la influencia de su vocabulario sobre teorías posteriores de la psicosis infantil y de lo que se interpretaría como defensas o retraimientos autistas. [S3]
6.2 Margaret Mahler: fases “autista” y “simbiótica”
Margaret Mahler (1897–1985) propuso una teoría del desarrollo temprano en la que hablaba, entre otras cosas, de una fase “autista normal”, seguida por una fase simbiótica antes del proceso de separación-individuación. Esta noción de un autismo normal del lactante fue abandonada posteriormente por la investigación del desarrollo.
Este ejemplo muestra un peligro terminológico: la palabra “autista” puede convertirse en una metáfora del desarrollo y dar la impresión de que el autismo clínico sería la fijación patológica de una etapa normal. Esa continuidad no está establecida.
6.3 Frances Tustin: el autismo como protección psíquica
Frances Tustin (1913–1994) es una de las psicoanalistas más asociadas al autismo. Desarrolló la idea de formaciones o defensas autistas que protegerían al niño frente a experiencias primitivas de separación, ruptura o catástrofe psíquica.
Tustin revisó algunas de sus propias posiciones y abandonó, en particular, la idea de una fase autista normal del lactante. Sin embargo, su artículo de 1991 sigue hablando de un “sistema protector psicogénico” asociado a una experiencia traumática de separación. [S14]
La revisión interna de una teoría es intelectualmente importante, pero no transforma una hipótesis psicogénica en un dato neurodesarrollativo demostrado.
6.4 Bruno Bettelheim y la “madre nevera”
Bruno Bettelheim (1903–1990) popularizó ante un público muy amplio la idea de que el niño autista se retiraría a una “fortaleza vacía” como reacción a un entorno afectivo vivido como destructivo. El tema de la “madre nevera” asociaba el autismo con la frialdad o el rechazo parental.
Esta construcción tuvo consecuencias especialmente graves: culpabilización de las madres y las familias, posible alejamiento del niño de sus padres, interpretación de las objeciones parentales como defensas y desvío de la atención respecto de necesidades concretas del desarrollo y del entorno.
Bettelheim no resume todo el psicoanálisis y la expresión “madre nevera” tiene una genealogía más compleja que su nombre por sí solo. Sin embargo, sigue siendo uno de los principales símbolos históricos del psicogenismo aplicado al autismo.
6.5 Lacan y la persistencia francesa
Jacques Lacan (1901–1981) reformuló profundamente el psicoanálisis francés en torno al lenguaje, lo simbólico, lo imaginario y lo real. Él solo no construyó una doctrina completa y unívoca del “autismo lacaniano”. Sus alumnos y distintas escuelas lacanianas también elaboraron teorías de la psicosis infantil y del autismo.
Francia constituye un caso histórico particular: el psicoanálisis, incluido el lacaniano, conservó influencia en ciertos sectores de la psiquiatría infantil y de las instituciones mucho después de su retroceso en otros países. Un análisis publicado en 2021 describe precisamente a Francia como un “cultural outlier” en este punto. [S15]
En 2026, la Haute Autorité de Santé francesa situó explícitamente el psicoanálisis entre las intervenciones no recomendadas en el marco del TEA en bebés, niños y adolescentes, a la luz de los datos disponibles. [S23]
6.6 ¿Por qué pudieron parecer convincentes estas teorías?
Ofrecían una historia coherente en una época en la que los mecanismos biológicos y del desarrollo eran muy poco conocidos. Traducían comportamientos enigmáticos en intenciones, defensas y relaciones humanas comprensibles. También correspondían al prestigio del psicoanálisis en determinados círculos médicos e intelectuales.
Pero una explicación seductora puede volverse peligrosa cuando es prácticamente imposible contradecirla. Si el retraimiento del niño se interpreta como defensa, su proximidad como dependencia, la protesta de la madre como culpa y su acuerdo como reconocimiento, el sistema produce sus propias confirmaciones.
Punto crítico El problema principal no es que una persona autista pueda tener vida psíquica, conflictos, traumas o mecanismos de defensa —por supuesto que puede—. El problema es convertir estas dimensiones humanas en la causa general de su autismo y luego leer toda manifestación autista a través de esa causa supuesta.
7. El giro de las décadas de 1960–1980: desarrollo, biología, genética y DSM-III
7.1 Bernard Rimland: cuestionamiento del psicogenismo
En 1964, el psicólogo estadounidense Bernard Rimland, él mismo padre de un niño autista, publicó “Infantile Autism” y defendió un origen biológico frente a las explicaciones parentales psicogénicas. Su papel histórico es importante porque contribuyó a desplazar la discusión fuera de la culpabilización de las familias.
Sin embargo, Rimland no debe convertirse en una autoridad infalible: algunas de sus orientaciones posteriores sobre tratamientos biomédicos controvertidos también fueron criticadas. La historia muestra de nuevo que un movimiento correctivo puede aportar una ruptura útil sin que todas sus propuestas se vuelvan correctas.
7.2 Michael Rutter y la separación respecto de la esquizofrenia infantil
Michael Rutter y otros investigadores contribuyeron a mostrar que el autismo posee un perfil del desarrollo, una edad de aparición, una evolución y unas características que lo distinguen de la esquizofrenia infantil. Esta separación se reforzó durante las décadas de 1960 y 1970. [S11]
El cambio es conceptualmente inmenso: el comportamiento de un niño ya no se lee necesariamente como expresión simbólica de una psicosis; se presta mayor atención al desarrollo de la comunicación, la interacción, el lenguaje, el aprendizaje y a la estabilidad de las características en el tiempo.
7.3 Genética: el estudio de gemelos de Folstein y Rutter
El estudio de Susan Folstein y Michael Rutter publicado en 1977 sobre parejas de gemelos se convirtió en un hito importante para establecer una contribución genética al autismo. No significaba que se hubiera descubierto un único “gen del autismo”; más bien contribuyó a hacer mucho menos plausible una explicación general basada en la actitud parental. [S16]
La genética contemporánea confirma una arquitectura compleja: múltiples variantes, heterogeneidad, interacciones con el desarrollo y ausencia de una causa única para todo el espectro. “Biológico”, por tanto, no significa simple, determinista ni reducible a una sola prueba.
7.4 DSM-III en 1980: una frontera institucional
El DSM-II de 1968 todavía podía clasificar cuadros infantiles dentro de la “childhood schizophrenia”. El DSM-III de 1980 introdujo el “infantile autism” en los trastornos generalizados del desarrollo y estableció una separación diagnóstica mucho más clara respecto de la esquizofrenia. [S11, S19]
El DSM-III también marcó un cambio general en la psiquiatría estadounidense: tras décadas de fuerte influencia psicoanalítica, la clasificación buscó criterios descriptivos más estandarizados y pretendió ser más “ateórica” respecto de las causas. [S6, S28]
Esta estandarización aportó reproducibilidad, pero no resolvió todo. Describir criterios todavía no dice por qué existe un fenómeno, cómo lo vive la persona ni qué dimensiones proceden del individuo o del entorno.
Dos rupturas diferentes 1) El autismo se separa de la esquizofrenia y de la psicosis infantil. 2) La psiquiatría diagnóstica estadounidense se separa en parte del vocabulario psicoanalítico para privilegiar criterios observables. Estas dos evoluciones se refuerzan, pero no son exactamente lo mismo.
8. Salir del psicoanálisis no basta: conductismo, normalización y otros riesgos
El retroceso del psicogenismo favoreció enfoques educativos, del desarrollo y conductuales. Esto representó a veces un progreso muy concreto: objetivos observables, aprendizajes estructurados, evaluación de resultados y atención a las habilidades funcionales en lugar de a supuestos conflictos simbólicos.
Pero el conductismo puede producir otro error: considerar que el comportamiento visible es el objeto principal que debe corregirse, con independencia de la razón por la que existe y de la experiencia de la persona. Una disminución del comportamiento autista visible no es necesariamente una disminución del sufrimiento.
Algunas historias de la intervención conductual intensiva han valorado objetivos como llegar a ser “indistinguishable from peers”. Tal criterio corre el riesgo de medir el éxito por la semejanza con las personas no autistas, en lugar de por la autonomía, la comprensión, el bienestar, la comunicación, la dignidad o la posibilidad de vivir conforme a la propia naturaleza.
Por tanto, el dilema no es “psicoanálisis o ABA”. Existen muchas otras formas de apoyo: comunicación aumentativa, adaptación sensorial, enseñanza explícita, ayudas cognitivas, entorno predecible, aprendizajes funcionales, apoyo relacional, acompañamiento de las familias, accesibilidad actitudinal y participación de la propia persona en las decisiones.
Error de sucesión Una teoría puede ser falsa sin que su adversaria tenga automáticamente razón. El hecho de que el psicoanálisis haya explicado mal el autismo no demuestra que toda intervención conductual sea deseable. El criterio debe seguir siendo la vida real de la persona, no la victoria de una escuela.
9. Del síndrome al espectro: Wing, Gould, DSM y CIE
9.1 Wing y Gould: ampliar la mirada
Lorna Wing y Judith Gould publicaron en 1979 un estudio epidemiológico que contribuyó a mostrar que las dificultades de interacción social y las características asociadas se distribuyen en un conjunto más amplio que los casos clásicos de Kanner. [S17]
En 1981, Wing popularizó la expresión “síndrome de Asperger” en la literatura anglófona y contribuyó en gran medida a la idea de un continuo o espectro autista. Su propia experiencia como madre de una hija autista y como clínica también desempeñó un papel en el acercamiento entre familias, clínica e investigación. [S18]
9.2 DSM-IV, DSM-5 y CIE-11
El DSM-IV de 1994 distinguió varias categorías dentro de los trastornos generalizados del desarrollo, entre ellas el trastorno autista y el síndrome de Asperger. El DSM-5 de 2013 las agrupó bajo “autism spectrum disorder”, con especificadores. [S19]
La CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud clasifica actualmente el trastorno del espectro autista bajo el código 6A02 dentro de los trastornos del neurodesarrollo y también utiliza especificadores, en particular relativos al desarrollo intelectual y al lenguaje funcional. [S20]
La palabra “espectro” no significa una línea simple que vaya de “poco” a “muy autista”. Los perfiles son multidimensionales: lenguaje, cognición, autonomía, aspectos sensoriales, motricidad, comunicación, regulación, salud, necesidades de apoyo y entorno pueden diferir mucho de una persona a otra.
9.3 La clasificación es una herramienta, no la persona
Una categoría diagnóstica puede permitir el acceso a servicios, producir un lenguaje común y apoyar la investigación. Pero sigue siendo una construcción clínica: selecciona determinadas características según un objetivo concreto.
Por tanto, el diagnóstico no resume ni la personalidad, ni los valores, ni las capacidades, ni las dificultades concretas, ni la relación con el mundo de una persona autista.
10. Antipsiquiatría, instituciones y crítica del poder médico
En las décadas de 1960 y 1970, varias críticas muy diferentes se agruparon bajo la etiqueta de “antipsiquiatría”. Thomas Szasz criticó la propia noción de enfermedad mental; R. D. Laing reinterpretó la psicosis en su contexto existencial y familiar; Erving Goffman analizó las “instituciones totales”; Michel Foucault estudió históricamente las relaciones entre locura, saber y poder.
Estos autores no defendían una teoría común, y sería engañoso presentar la antipsiquiatría como una doctrina homogénea. Algunas de sus aportaciones se refieren sobre todo a la coerción, la institucionalización, la autoridad del diagnóstico y la capacidad de un sistema médico para definir a la persona sin su consentimiento.
Estas críticas pueden iluminar la historia del autismo, especialmente el encierro, la segregación y la voz confiscada. Pero el movimiento de la neurodiversidad no es simplemente una continuación de la antipsiquiatría. Una persona puede reconocer la existencia de trastornos mentales graves y la utilidad de la atención psiquiátrica mientras cuestiona la psiquiatrización del autismo o determinadas prácticas coercitivas.
Distinción útil Criticar el poder psiquiátrico no significa negar toda enfermedad mental. Defender el autismo como variación del neurodesarrollo no significa negar que una persona autista pueda también sufrir depresión, psicosis, trastorno bipolar, catatonía u otro problema que requiera atención.
11. Autorrepresentación autista y neurodiversidad
11.1 El cambio de sujeto: de “hablar sobre” a “hablar con”
A partir de los años noventa, las personas autistas organizadas comenzaron a intervenir de manera mucho más visible en los discursos públicos que las concernían. Jim Sinclair y Autism Network International se encuentran entre las figuras importantes de esta autorrepresentación. El texto “Don’t Mourn for Us”, de 1993, marcó en particular una ruptura con los relatos en los que el autismo se presenta únicamente como catástrofe familiar. [S24, S27]
Esta evolución cambia la naturaleza del conocimiento pertinente. Las observaciones de profesionales y familiares siguen siendo útiles, pero ya no pueden considerarse suficientes cuando la propia persona autista puede describir lo que percibe, comprende, soporta, teme o desea.
11.2 Neurodiversidad: un concepto colectivo, no una negación de las dificultades
El concepto de neurodiversidad se desarrolló colectivamente en las redes autistas y en línea de los años noventa. Judy Singer es importante por su formulación académica a finales de esa década, pero trabajos históricos recientes aconsejan no atribuirle en solitario la invención de un concepto producido por un medio colectivo en el que también participaron personas autistas y autores como Harvey Blume. [S24, S25]
La neurodiversidad parte de la idea de que las variaciones neurológicas forman parte de la diversidad humana. Esto no implica que toda dificultad sea leve, que nadie tenga discapacidad, que ningún cuidado sea necesario o que todas las formas de autismo sean semejantes.
El cambio fundamental consiste más bien en rechazar la ecuación automática: diferencia neurológica = defecto intrínseco que debe normalizarse. Las dificultades pueden resultar de una combinación entre características individuales, entorno, expectativas sociales, falta de accesibilidad, problemas de salud y necesidades de apoyo. [S26]
11.3 Lo que esto cambia para la investigación
Una ciencia del autismo centrada únicamente en los déficits observados por personas no autistas corre el riesgo de pasar por alto fenómenos que las personas autistas consideran esenciales: sobrecarga sensorial, esfuerzo de camuflaje, malentendidos bidireccionales, costes de la adaptación, necesidad de previsibilidad, calidad de vida, accesibilidad y efectos del entorno.
Pellicano y den Houting proponen así desplazar parte de la investigación desde un modelo centrado en déficits individuales hacia un enfoque que integre más seriamente la neurodiversidad, las prioridades autistas y el contexto. [S26]
12. ¿Es adecuada la psiquiatría para el autismo?
12.1 La respuesta breve: no como marco totalizador del autismo
Si la pregunta es: “¿Es la psiquiatría el mejor marco para comprender qué es el autismo en su conjunto?”, la respuesta de esta nota es no. El autismo se clasifica actualmente como neurodesarrollativo, afecta a toda la trayectoria vital y no se reduce ni a una enfermedad mental aguda, ni a una psicosis, ni a un estado cuyo objetivo terapéutico sea desaparecer. [S20]
Un enfoque exclusivamente psiquiátrico corre el riesgo de seleccionar prioritariamente lo que se parece a un síntoma: comportamiento inusual, ansiedad, agitación, retraimiento, rigidez o habla atípica. Puede entonces subestimar la comunicación, la sensorialidad, el entorno, el aprendizaje, los derechos, la autonomía, las relaciones sociales y la accesibilidad.
El riesgo aumenta cuando una diferencia autista estable se interpreta como signo de descompensación, o cuando un comportamiento provocado por un entorno inadecuado se trata farmacológicamente sin investigar su causa concreta.
12.2 Pero la psiquiatría puede ser útil para una persona autista
Decir que el autismo no debe psiquiatrizarse no significa que las personas autistas nunca necesiten un psiquiatra. Como cualquier otra persona, pueden presentar depresión, trastorno de ansiedad grave, trastorno bipolar, psicosis, trastornos del sueño, catatonía, ideación suicida, efectos adversos de medicamentos u otras situaciones que requieran competencia psiquiátrica.
El papel pertinente pasa entonces a ser: tratar el problema psiquiátrico de la persona autista teniendo en cuenta su autismo, en lugar de tratar el autismo como si fuera en sí mismo ese problema psiquiátrico.
Fórmula que conviene recordar “Psiquiatría para una persona autista cuando la necesita” no es lo mismo que “psiquiatría del autismo como enfermedad mental que debe corregirse”.
12.3 Lo que dicen las recomendaciones contemporáneas
Para los adultos autistas, NICE indica que no deben utilizarse antipsicóticos, antidepresivos o anticonvulsivos para tratar las características centrales del autismo. La recomendación también pide investigar factores físicos, mentales, ambientales o relacionales cuando un comportamiento se vuelve problemático. [S21]
Una declaración de calidad de NICE formula el principio con gran claridad: las personas autistas no deben recibir medicamentos con el objetivo de tratar las características centrales del autismo. [S22]
Esto, por supuesto, no impide utilizar un medicamento indicado para un trastorno coexistente o, en determinadas situaciones graves y cuidadosamente evaluadas, para un comportamiento que ponga en peligro a la persona o a terceros. La distinción entre una indicación precisa y el tratamiento del “autismo” es esencial.
12.4 El riesgo de confundir comportamiento y síntoma psiquiátrico
Una persona que deja de hablar puede estar sobrecargada, agotada o en shutdown; una persona que huye de un lugar puede sufrir por el ruido, el dolor o la imprevisibilidad; una persona que insiste en una regla puede necesitar coherencia o no comprender una excepción implícita. Estas hipótesis no excluyen un trastorno psiquiátrico, pero deben examinarse antes de transformar automáticamente el comportamiento en síntoma.
Esta exigencia es especialmente importante cuando la persona se comunica poco o de forma atípica. Cuanta más dificultad tenga para explicar lo que vive, mayor será el poder interpretativo de los profesionales — y más necesario será establecer salvaguardias frente a interpretaciones apresuradas.
12.5 Un enfoque transdisciplinario suele ser más adecuado
Comprender una situación autista puede requerir, según el problema: medicina general, neurología, psiquiatría, psicología, logopedia, terapia ocupacional, pedagogía, comunicación alternativa, trabajo social, pericia sensorial, apoyo entre pares, conocimiento de los derechos y, sobre todo, conocimiento detallado de la persona y de su entorno.
El psiquiatra puede ser, por tanto, un profesional útil entre otros. Se vuelve problemático cuando se lo sitúa automáticamente en la cima de una jerarquía interpretativa simplemente porque el autismo estuvo históricamente vinculado a la psiquiatría.
13. ¿Es adecuada la psicoanálisis para el autismo?
13.1 Como teoría causal general del autismo: no
Actualmente no existe una base científica sólida que permita explicar el autismo por un conflicto inconsciente, una mala separación de la madre, una falla simbólica, un trauma relacional precoz o un retraimiento defensivo psicógeno general.
Los conocimientos contemporáneos sitúan el autismo en el neurodesarrollo y muestran, en particular, una fuerte contribución genética, al tiempo que reconocen una gran heterogeneidad. Los modelos psicógenos históricos no ofrecen una explicación competidora con el mismo nivel de evidencia. [S16, S20]
La Haute Autorité de Santé francesa también clasificó en 2026 el psicoanálisis entre las intervenciones no recomendadas para el TEA en niños y adolescentes. [S23]
13.2 Como espacio de palabra elegido por un adulto: una cuestión diferente
Un adulto autista puede encontrar libremente interés en una psicoterapia psicoanalítica, junguiana, psicodinámica u otra para hablar de sus relaciones, su historia, sus sueños, sus traumas, su identidad o sus conflictos.
Esta elección personal no valida una etiología psicoanalítica del autismo. Una terapia puede ser útil para una persona autista sin ser un tratamiento del autismo.
Se aplican entonces las mismas exigencias que en cualquier psicoterapia: consentimiento, ausencia de culpabilización, comprensión del autismo, adaptación de la comunicación, posibilidad de cuestionar la interpretación del terapeuta y evaluación de los beneficios o daños reales.
13.3 El peligro particular de la autoridad interpretativa
El psicoanálisis se vuelve especialmente arriesgado en el autismo cuando otorga al terapeuta una superioridad sistemática sobre el significado de lo que dice la persona. Si una objeción autista se interpreta como “resistencia”, si una petición de precisión se convierte en “defensa”, o si la necesidad de coherencia se lee como incapacidad simbólica, el paciente puede perder el derecho a ser considerado un testigo creíble de su propia experiencia.
Este riesgo se relaciona con una dificultad más general de la accesibilidad actitudinal: una expresión inusual se traduce rápidamente al marco del observador en lugar de examinarse primero de forma literal, contextualizarse y verificarse con la persona.
Criterio simple Una interpretación terapéutica debe seguir siendo una hipótesis revisable, nunca un medio para hacer imposible refutar la palabra del paciente. Si toda impugnación confirma la teoría, ya no existe un verdadero diálogo.
14. Lectura conceptual de Autistán: realidad, interpretación, adaptación y accesibilidad
Estatus de esta sección Los elementos que siguen constituyen una lectura conceptual de Autistán y unas hipótesis de trabajo. No se presentan como el consenso científico actual ni como resultados demostrados por la historia de la psiquiatría.
14.1 La extraña herencia del “autista desconectado de la realidad”
La propia palabra autismo nació históricamente con una idea de alejamiento de la realidad en Bleuler. Durante décadas, esta genealogía facilitó metáforas como “encerrado en su mundo”, “en su burbuja”, “desconectado del mundo” o “fortaleza vacía”.
Sin embargo, una persona autista que no sigue espontáneamente una convención social no está necesariamente menos vinculada con la realidad. Puede no comprender lo implícito, no compartir una convención o no atribuir la misma importancia a una señal social.
Autistán propone, por tanto, distinguir al menos dos cosas: la relación con la realidad misma y la relación con las interpretaciones sociales convencionales de esa realidad.
14.2 Hipótesis del “referencial natural”
En la hipótesis de trabajo denominada “referencial natural”, ciertas características autistas podrían entenderse no como un alejamiento de lo real, sino como una recepción menos automáticamente transformada por las categorías sociales, las expectativas implícitas, las analogías o las generalizaciones habituales.
Esta hipótesis intenta dar cuenta, en particular, de la importancia que pueden tener para algunas personas autistas la coherencia, la veracidad, la precisión, la continuidad de una regla, la detección de una contradicción o la naturalidad de un entorno.
No debe convertirse en la inversión dogmática según la cual “los autistas siempre ven la verdad y los no autistas nunca”. Se trata más bien de una vía para estudiar cómo diferentes estilos de procesamiento pueden producir malentendidos recíprocos y cómo las convenciones sociales pueden confundirse a veces con la realidad misma.
14.3 De la “deficiencia social” al malentendido bidireccional
Las teorías antiguas casi siempre observaban al autista desde fuera. La dificultad de comunicación se localizaba en el niño o en el paciente. Un enfoque más interaccional pregunta también: ¿qué comprende la persona no autista de la persona autista? ¿Con qué prudencia interpreta una expresión inusual? ¿Hace explícitos sus propios implícitos?
La accesibilidad actitudinal consiste precisamente en suspender las interpretaciones acusatorias rápidas, verificar el sentido, hacer explícitas las reglas, permitir correcciones y no exigir que la persona autista sea la única que anticipe las convenciones de un mundo construido principalmente por no autistas.
14.4 Adaptación no es asimilación
Una persona autista puede necesitar aprender el mundo no autista, sus convenciones y sus formas de comunicación. Autistán propone pensar este aprendizaje como el de una segunda lengua: aprender a comprender y expresarse en otra lengua no exige destruir la lengua materna.
Esta distinción permite defender el aprendizaje sin normalización. El objetivo no es mantener a la persona en la ignorancia de los códigos sociales; es permitirle comprenderlos y utilizarlos cuando sean útiles, sin hacer del borrado de su naturaleza autista la medida del éxito.
Un “acento autista” visible puede incluso tener una función protectora: como un acento extranjero, indica al interlocutor que debe ser prudente con los implícitos, los dobles sentidos o las interpretaciones espontáneas.
14.5 El entorno también tiene una obligación de aprendizaje
La adaptación no puede ser un trabajo unilateral. Si el autista aprende el “no-autismo”, el entorno debe aprender a reconocer la comunicación autista, la sensorialidad, las necesidades de coherencia y los riesgos de interpretación errónea.
Esta reciprocidad transforma el problema político: en lugar de preguntar únicamente “¿cómo corregir al autista?”, se pregunta “¿cómo hacer accesibles las familias, escuelas, administraciones, servicios, lugares públicos y relaciones humanas a una persona que funciona de manera diferente?”.
Inversión conceptual útil La historia pasó de “el autista se retira de la realidad” a una concepción neurodesarrollista. Autistán propone ir más lejos: examinar si una parte de las dificultades atribuidas al autismo no procede de un conflicto entre referenciales, de entornos artificiales o incoherentes y de una interpretación no autista demasiado rápida. Esta propuesta aún debe documentarse empíricamente.
15. Malentendidos frecuentes y respuestas breves
“Jung descubrió el autismo.”
No. Jung trabajó con Bleuler y se encontraba en la encrucijada histórica Bleuler–Freud, pero el “Autismus” de aquella época pertenecía a la teoría de la esquizofrenia. Jung no formuló la concepción neurodesarrollista actual.
“Freud inventó el autismo.”
No. Bleuler creó el término. Sin embargo, existe una filiación léxica con el “autoerotismo” freudiano, lo que explica el vínculo histórico.
“El autismo antes era una esquizofrenia.”
La palabra de Bleuler designaba un fenómeno esquizofrénico, y el autismo infantil fue confundido durante mucho tiempo con la esquizofrenia infantil. Pero sería engañoso decir que el autismo contemporáneo es simplemente la antigua esquizofrenia con otro nombre.
“Los autistas son psicóticos.”
No. El autismo y los trastornos psicóticos son distintos. Una persona autista también puede presentar una psicosis, del mismo modo que puede presentar otros problemas de salud.
“Freud demostró que los síntomas vienen de la infancia.”
Dio una importancia fundamental a la historia infantil, pero no todas sus teorías causales detalladas están demostradas. Una influencia de la infancia no valida automáticamente la teoría psicoanalítica.
“Popper demostró que todo el psicoanálisis es falso.”
No. Popper criticó su carácter difícilmente falsable; el debate filosófico es más complejo. Grünbaum, por ejemplo, cuestionó otros aspectos de la prueba psicoanalítica. [S7]
“Si un psicoanálisis ayuda a alguien, Freud tenía razón.”
No. Una mejora terapéutica no demuestra automáticamente la teoría que pretende explicar el mecanismo de esa mejora.
“Se culpó a las madres por culpa de Kanner.”
Kanner utilizó formulaciones problemáticas sobre algunos padres, pero la teoría psicógena de la “madre nevera” fue desarrollada y popularizada mucho más allá de sus observaciones, especialmente por Bettelheim.
“El psicoanálisis sigue siendo una recomendación estándar para el autismo.”
No. Por ejemplo, la HAS francesa lo clasifica en 2026 entre las intervenciones no recomendadas para el TEA en niños y adolescentes. [S23]
“Como el autismo es neurodesarrollista, todo es genético.”
No. Neurodesarrollista no es sinónimo de puramente genético, y la genética del autismo es compleja y heterogénea.
“Como el autismo es neurodesarrollista, el entorno no importa.”
Falso. El entorno puede modificar enormemente la discapacidad, el estrés, la comunicación, el aprendizaje y la calidad de vida sin ser la causa del autismo.
“Rechazar el psicoanálisis significa estar a favor del ABA.”
No. Son dos debates diferentes. Se pueden rechazar las teorías psicógenas y criticar también objetivos conductuales de normalización.
“La neurodiversidad dice que el autismo nunca es discapacitante.”
No. La neurodiversidad cuestiona la asimilación automática entre diferencia y defecto; no obliga a negar las discapacidades, el sufrimiento ni las necesidades de apoyo.
“Entonces la psiquiatría nunca sirve para los autistas.”
No. Puede ser indispensable para ciertos trastornos asociados o crisis. La crítica se refiere a la psiquiatrización del propio autismo y al uso inadecuado de un marco psiquiátrico totalizante.
16. Cronología 1850–2026
Esta cronología no pretende abarcar toda la historia de la psiquiatría. Selecciona los hitos útiles para comprender cómo el autismo pasó de ser un término de la esquizofrenia a una categoría neurodesarrollista, y después a un objeto de debate sobre los derechos, la accesibilidad y la neurodiversidad.
Fecha / período
Acontecimiento
Por qué es importante
1856
Nacimiento de Sigmund Freud y Emil Kraepelin.
Dos trayectorias contemporáneas pero muy diferentes: psicoanálisis y nosología psiquiátrica.
1857
Nacimiento de Eugen Bleuler.
Introduciría “esquizofrenia” y “Autismus”.
1859
Nacimiento de Pierre Janet.
Trabajos sobre disociación, automatismo psicológico y función de lo real.
1875
Nacimiento de Carl Gustav Jung.
Psiquiatra en el Burghölzli, cercano a Freud antes de su ruptura.
1885–1886
Freud permanece en París junto a Charcot.
Influencia importante en su paso de la neurología hacia una comprensión psicológica de ciertos síntomas.
Décadas de 1890–1900
Kraepelin desarrolla sus clasificaciones, incluida la dementia praecox.
Base nosológica que Bleuler revisaría.
1900
Freud publica La interpretación de los sueños.
Hito simbólico del psicoanálisis.
1906–1907
Inicio del acercamiento Freud–Jung.
Jung también sirve de enlace con el entorno de Bleuler.
1907
El término de Bleuler que se convertiría en “Autismus” ya circula en la correspondencia Jung–Freud.
Muestra que el concepto nace en el campo de la esquizofrenia y en contacto con el vocabulario psicoanalítico. [S1, S3]
1911
Bleuler publica Dementia Praecox oder Gruppe der Schizophrenien.
Uso canónico de “Autismus” en la esquizofrenia. [S2]
1913
Ruptura Freud–Jung.
Jung desarrolla progresivamente la psicología analítica.
1925–1926
Sukhareva publica descripciones de niños muy semejantes a los perfiles autistas contemporáneos.
Trabajos durante mucho tiempo poco visibles en el relato occidental dominante. [S10]
1938
Asperger emplea “autistische Psychopathen” en una conferencia; Freud huye de Viena a Londres.
Dos contextos sin relación causal directa, pero históricamente contemporáneos.
1938–1939
Películas familiares de Freud en Londres; salud muy deteriorada.
Importante para contextualizar los vídeos tardíos. [S8, S9, S29]
1939
Muerte de Freud.
Final de su vida en Londres tras el exilio.
1943
Kanner publica su artículo sobre once niños.
Hito importante del autismo infantil. [S11]
1944
Asperger publica sobre la “psicopatía autista”.
Trabajo vienés en el contexto nazi. [S12, S13]
Décadas de 1940–1960
Gran influencia psicoanalítica en algunos sectores de la psiquiatría, especialmente estadounidense y francesa.
Autismo, psicosis infantil y relaciones tempranas siguen mezclándose con frecuencia. [S15, S28]
Décadas de 1950–1960
Desarrollo y difusión de modelos psicógenos, incluida la “madre nevera”.
Culpabilización familiar e interpretación del autismo como retraimiento defensivo.
1964
Bernard Rimland publica Infantile Autism.
Importante cuestionamiento biológico del psicogenismo.
Décadas de 1960–1970
Rutter y otros distinguen cada vez más el autismo de la esquizofrenia infantil.
Giro del desarrollo. [S11]
1977
Folstein y Rutter publican un estudio de gemelos.
Hito en la demostración de una fuerte contribución genética. [S16]
1979
Wing y Gould publican su estudio epidemiológico.
Ampliación hacia una concepción dimensional. [S17]
1980
DSM-III: “infantile autism” dentro de los trastornos generalizados del desarrollo.
Separación diagnóstica clara respecto de la esquizofrenia. [S11, S19]
1981
Lorna Wing populariza “Asperger syndrome” en inglés.
Contribuye a la noción de continuo/espectro. [S18]
Década de 1990
Desarrollo de la autorrepresentación autista organizada.
ANI, Jim Sinclair y las primeras redes en línea. [S24, S27]
1994
DSM-IV.
Multiplicación de las subcategorías de los trastornos generalizados del desarrollo. [S19]
1998
Judy Singer utiliza “neurodiversity” en su trabajo académico; el concepto se desarrolla colectivamente en las redes implicadas.
No reducir el origen a una sola persona. [S24, S25]
2013
El DSM-5 agrupa varios diagnósticos en autism spectrum disorder.
Paso institucional a un diagnóstico de espectro. [S19]
2022
Publicación de trabajos que piden un cambio de paradigma hacia una ciencia del autismo informada por la neurodiversidad.
Énfasis en las prioridades autistas, el contexto y los límites del modelo del déficit. [S26]
2024
La OMS publica las descripciones clínicas de la CIE-11 incluyendo el TEA 6A02 entre los trastornos del neurodesarrollo.
Marco internacional actual. [S20]
2026
La Haute Autorité de Santé francesa publica nuevas recomendaciones para niños/adolescentes y clasifica el psicoanálisis entre las intervenciones no recomendadas para el TEA.
Hito importante en la evolución francesa. [S23]
17. ¿Quién es quién?
Persona
Cargo / profesión
Idea o papel
Relación con el autismo
Jean-Martin Charcot
Neurólogo francés
Histeria, hipnosis, neurología; influencia sobre Freud
No fue teórico del autismo
Pierre Janet
Médico, psicólogo, filósofo
Disociación, subconsciente, función de lo real
Contexto intelectual anterior/paralelo a Freud
Emil Kraepelin
Psiquiatra alemán
Nosología; dementia praecox
Marco que Bleuler reorganiza
Sigmund Freud
Médico neurólogo, fundador del psicoanálisis
Inconsciente, represión, transferencia, sexualidad infantil
No descubridor del autismo; influencia léxica indirecta
Eugen Bleuler
Psiquiatra suizo
Esquizofrenia; “Autismus”
Creador del término en un sentido esquizofrénico
Carl Gustav Jung
Psiquiatra suizo, fundador de la psicología analítica
Complejos, arquetipos, individuación, introversión/extraversión
Vínculo histórico indirecto a través de Bleuler; no teoría moderna del autismo
Grunya Sukhareva
Psiquiatra infantil soviética
Descripciones tempranas de niños
Precursora durante mucho tiempo poco reconocida
Leo Kanner
Psiquiatra
Autismo infantil, 1943
Hito central de la concepción del desarrollo
Hans Asperger
Pediatra austríaco
“Psicopatía autista”, 1944
Hito histórico; contexto nazi actualmente documentado
Melanie Klein
Psicoanalista
Psicoanálisis infantil, relaciones de objeto
Influencia sobre modelos psicodinámicos de la infancia
Margaret Mahler
Psicoanalista / psiquiatra infantil
Separación-individuación; “fase autista normal”
Modelo histórico abandonado
Bruno Bettelheim
Autor / psicólogo de formación compleja
“La fortaleza vacía”, psicogenismo
Símbolo de la culpabilización parental
Frances Tustin
Psicoanalista
Defensas autistas, sistema protector psicógeno
Revisiones internas pero mantenimiento de un núcleo psicógeno
Jacques Lacan
Psiquiatra y psicoanalista
Lenguaje, simbólico, imaginario, real
Gran influencia en algunas escuelas francesas; ninguna doctrina única sobre autismo
Bernard Rimland
Psicólogo
Cuestionamiento biológico del psicogenismo en 1964
Ruptura útil, pese a controversias posteriores
Michael Rutter
Psiquiatra infantil / investigador
Autismo del desarrollo, distinción de la esquizofrenia, genética
Figura principal del giro científico
Susan Folstein
Psiquiatra / genetista
Estudio de gemelos con Rutter
Hito de la genética del autismo
Lorna Wing
Psiquiatra
Espectro, síndrome de Asperger, epidemiología
Figura central del paso al espectro
Judith Gould
Psicóloga clínica / investigadora
Estudio de Camberwell con Wing
Contribución importante a la concepción dimensional
Jim Sinclair
Activista autista
Autorrepresentación, ANI, “Don’t Mourn for Us”
Hito del cambio hacia la voz autista
Judy Singer
Socióloga
Uso académico temprano de “neurodiversity”
Figura importante pero no única de un origen colectivo
18. Principios prácticos para la discusión
Preguntar por el significado exacto de la palabra empleada en la época citada.
Nunca tratar “Freud”, “Jung”, “psicoanálisis” o “psiquiatría” como bloques homogéneos.
Precisar si la afirmación es descriptiva, interpretativa, causal o terapéutica.
Preguntar qué podría refutar la hipótesis.
Evaluar por separado la verdad de una teoría y la posible utilidad de una relación terapéutica.
No confundir autismo, esquizofrenia y psicosis.
No deducir del fracaso del psicogenismo que todo tratamiento biológico o conductual sea correcto.
No confundir disminución de una conducta autista visible con mejora de la calidad de vida.
Buscar primero las causas concretas de una dificultad: dolor, sobrecarga, incomprensión, cambio, entorno, comunicación, sueño, trastorno asociado.
Considerar el testimonio de la persona autista como un dato de primera importancia, no como material que deba reinterpretarse automáticamente.
Mantener la posibilidad de apoyo psiquiátrico para problemas asociados sin convertir el propio autismo en una enfermedad psiquiátrica que deba erradicarse.
Preferir adaptación, accesibilidad, aprendizaje y autonomía a la asimilación o la normalización.
Frase de síntesis La historia del autismo es en gran medida la historia de un desplazamiento de la mirada: de un supuesto “alejamiento de la realidad” en la esquizofrenia hacia una diferencia neurodesarrollista, y después hacia la cuestión más amplia de cómo una sociedad puede comprender y acoger diferentes formas de percepción, comunicación y relación con el mundo.
19. Fuentes y referencias
Las remisiones [S1], [S2], etc. de la nota corresponden a las referencias que figuran a continuación. Los enlaces se proporcionan para permitir una verificación directa. Las fuentes históricas secundarias se utilizan para la genealogía de los conceptos; las recomendaciones institucionales contemporáneas, para las posiciones actuales de salud pública.
S1 — Evans, B. (2013), “How autism became autism: The radical transformation of a central concept of child development in Britain”, History of the Human Sciences. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3757918/ ↗
S2 — Kendler et al. / Bleuler centenary review (2011), “Eugen Bleuler: Centennial Anniversary of His 1911 Publication of Dementia Praecox or the Group of Schizophrenias”. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3196955/ ↗
S3 — “The Concept of Autism in Autism Spectrum Disorder and Schizophrenia Spectrum Disorder: Historical Divergence and Phenomenological Rapprochement” (2026). https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC13065430/ ↗
S4 — Charcot historical review, “Jean-Martin Charcot: Pioneer of Neurology”. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/11392517/ ↗
S5 — Historical review of hysteria, Janet and dissociation. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4695775/ ↗
S6 — Shorter, E. et al., “The history of nosology and the rise of the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders”. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4421901/ ↗
S7 — Stanford Encyclopedia of Philosophy, “Karl Popper” — discussion of Popper, Grünbaum and psychoanalysis. https://plato.stanford.edu/archives/fall2023/entries/popper/ ↗
S8 — Freud Museum London, “Freud in England, 1938–39”. https://www.freud.org.uk/exhibitions/freud-in-england/ ↗
S9 — Freud Museum London, “Cindy Sofer – Free Association” — home movies of Freud in 1938. https://www.freud.org.uk/exhibitions/cindy-sofer-free-association/ ↗
S10 — Sukhareva historical review (2025), “The Work of Grunya Efimovna Sukhareva in the Field of Autism Spectrum Disorder One Hundred Years After Her Original Description”. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12257787/ ↗
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Conclusión general
La relación entre Jung y el autismo no es imaginaria ni es lo que podría sugerir una lectura rápida. Históricamente, Jung se encuentra en el punto de unión entre Bleuler, que crea la palabra “Autismus” dentro de la esquizofrenia, y Freud, cuyo vocabulario psicoanalítico forma parte del entorno intelectual de esa creación. Pero Jung no es fundador de la concepción moderna del autismo.
El psicoanálisis desempeñó un papel importante en la historia de la psiquiatría y de la comprensión psicológica, pero su aplicación causal al autismo produjo modelos psicógenos que no corresponden al estado actual de los conocimientos y que en ocasiones causaron daños importantes, especialmente mediante la culpabilización de las familias y una autoridad interpretativa excesiva.
La psiquiatría, por su parte, no debe rechazarse en bloque. Su historia contribuyó a encerrar el autismo en categorías de psicosis y patología, pero la psiquiatría contemporánea puede proporcionar cuidados indispensables para problemas asociados. La cuestión decisiva es qué trata: un sufrimiento o trastorno preciso, o la propia existencia autista.
El progreso histórico más fecundo consiste, por tanto, menos en buscar la escuela que por fin tendría “razón en todo” que en mejorar continuamente las distinciones: autismo y psicosis; diferencia y enfermedad; característica y sufrimiento; causa y consecuencia; individuo y entorno; adaptación y asimilación; ayuda y normalización; interpretación y verificación.
Esta prudencia metodológica es especialmente importante para Autistán: permite criticar los errores históricos sin reproducir su mecanismo central, que consistía precisamente en imponer a la persona autista una teoría externa que supuestamente sabía mejor que ella lo que era y lo que debía llegar a ser.